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“De la afición a la profesión”, buscando futuro en el cine canadiense

Una historia motivadora de dos artistas de la comunidad latina en busca de un futuro en el cine
Toronto · Publicado el: 3 marzo, 2014

¿Cuantas veces te has sentado frente a la pantalla del cine y has dejado que una película te dibuje una sonrisa, te robe una lagrima o te ponga los pelos de punta?, o ¿Cuantas veces te has tomado el tiempo de leer los créditos al final de esa película, serie de televisión o telenovela, que nombra a las personas que, hipotecando su futuro y explotando su imaginación, lograron con su trabajo sacarte de tu rutina realidad?

Quizás al buscar respuestas a estas preguntas te des cuenta que el negocio del entretenimiento es más que una afición, es una profesión para todos aquellos que están frente y detrás de cámara, y aprovechando el regreso este mes del Toronto Hispano-American Film Festival (Thaff.com), esta nota busca revisar brevemente lo bueno, malo y feo de la carrera cinematográfica, y de los latinos que desde Toronto buscan representar a la comunidad con su talento, en un negocio que puede ser tan grato, como ingrato.

La espera que desespera

Imagínate que te paras en una línea por más de 12 horas para poder tener el último producto tecnológico del momento, ahora imagínate cual sería tu reacción si al llegar tu turno te dicen que vuelvas otro día, ya que otros se llevaron todos los productos que tenían disponibles. Si tú eres de las personas que vuelve día, tras día hasta que consigas el producto, felicitaciones, tú tienes posibilidades de ser un artista, bueno más bien un 55% de posibilidades, el porcentaje que incluye tener la capacidad de perseguir una pasión, sabiendo que la gratificación puede llegar a paso de tortuga lesionada. (Para los interesados, el otro 45% es talento artístico).

“Esto es como ganarme la lotería, hay tanta gente y la competición por papeles es tremenda (...) Mi papa siempre me dice que pude haber estudiado cualquier otra cosa pero elegí lo más difícil”, me cuenta Karen España, una joven actriz que busca abrirse paso en Toronto, sabiendo que este negocio tiene un camino minado con incertidumbre, y donde no estar preparada física y mentalmente es una constante amenaza a la esperanza.

“En Canadá es un poco más difícil hacer cine. Acá si uno quiere hacer algo profesional, toca trabajar con gente profesional y eso es más costoso. Allá (en

Latinoamérica), pueden ser también profesionales (del mismo nivel), pero lo hacen por amor al arte, acá es un poco más de negocios. Ósea, soy profesional, se lo que hago, me tienes que pagar lo que valgo”, me comentaba Andrew Agudelo, un joven director/actor egresado del Toronto Film School, que desde hace 13 años y con tres cortometrajes bajo el brazo, también está intentado hacer profesión de esta afición, buscando oportunidades tanto en Canadá como en Colombia.

 

“Los retos son muy grandes en esta carrera, al inicio toca invertir más que ganar”, confirma Karen que también ha hecho sus contribuciones “por amor al arte”, y luego de 15 años en la industria y ahora formando parte del Alliance of Canadian Cinema, Television and Radio Artists (ACTRA), se podría decir que  está empezando a saborear las delicias de su esfuerzo, a lo que se le atribuye sus primeros dos créditos en IMBD. El primero en el 2009 por su participación en la serie televisiva Guns (CBC) dirigida por Sudz Sutherland, donde gracias a su habilidad bilingüe, logró el papel para interpretar a la secretaria del embajador de Honduras, y la segunda en el 2012 por su participación en la serie televisiva Cold Blood, del director Marcus Valentín.

No existe lado A sin su B

Cada año cuando nos sentamos frente al televisor y vemos a los famosos competir por llevarse a casa a un tal Oscar, no sólo vemos a las estrellas del cine caminar por la alfombra roja, sino que iluminarla con su trabajo. Pero lo que no vemos es el lado B de un artista, que está lleno de lágrimas, sudor y en consecuencia poco glamour.

“Habían momentos en que me desanimaba, o que otras cosas en la vida me motivaron a cambiar mi enfoque, (como mi embarazo)”, me dice Karen de su experiencia cuando se convirtió en madre, “En un principio me alejé de la industria, pero siempre regresaba, siempre quise estar involucrada con la industria, ya sea tomando clases, que es muy importante para desarrollar y mantener activa esta pasión. Pero no fue hasta el 2011 que decidí dedicarme a esto a tiempo completo (...) Fue un cambio radical y miedoso, ya que decidí dejar mi trabajo para dedicarme sólo a la actuación”, explica la actriz, que luego de recibir sus primeros créditos en IMDB, no se detuvo para disfrutar sus logros, sino que decidió seguir alimentando su pasión, y que mejor que con una nueva dieta de educación. Para eso en el 2012  ingresa a tiempo completo al Toronto Film School, desde donde también adquiere conocimientos de guionista y dirección, logrando así realizar su primer cortometraje “Todo por Sofía”, el cual dedica a su hija de ahora 14 años.

Ahora bien, todos tenemos retos en nuestra vida, pero si algo puedo rescatar de la conversación con Karen, es que el combustible de su lado B es la educación, la misma que utiliza como herramienta de elección para torear los problemas y conquistar sus sueños, evitando así que otros protagonicen su historia. Y fue así desde sus inicios, ya que a los 8 años motivada por su amor a la música clásica, decide depositar conocimientos a su talento, ingresando al  Ontario Conservatory of Music, y al graduarse decide capitalizar esos conocimientos, iniciándose como profesora de música, enseñando así a sus cortos 16 años de edad, música desde su casa a otros jóvenes, al mismo tiempo que se lanza como tecladista de Mambo Divas, una banda femenina de música Latina, que la llevaría a realizar su primera presentación frente a una cámara de televisión, durante el programa BT del canal local CityTV de Toronto, y de este amor por la música y primer coqueteo con las cámaras, Karen llegaría en 1998 a  las aulas de la Universidad de York, para estudiar teatro y música, graduándose con una especialización en música.

Luces que ciegan

No nos podemos olvidar que la fama es como aquella novia ingrata, dispuesta a darte la espalda en cualquier momento, por eso perderse en las luces sin tener un buen cable a tierra, puede ser fatal en esta carrera. No es de extraños que en los últimos años, hemos sido testigos de cómo muchos artistas que se elevan como la espuma por su fama, pueden terminar en corto plazo a dos metros bajo tierra.

“La droga yo la veo más en el sentido de la depresión, la angustia (...) Cuando llegas a un nivel tan alto y de pronto te sientes agobiado por la prensa y situaciones alrededor, me imagino que la droga ayudará a salirse de eso. Pero la creatividad de un artista no tiene nada que ver con esto”, de esta manera me comenta Andrew, su opinión sobre la muerte del actor Philip Seymour Hoffman a sus 46 años debido a una sobredosis, aclarando así que la vieja escusa de consumir drogas para alimentar la creatividad, es una razón absurda y más bien termina fatigando el ingenio.

“El instrumento de uno es su cuerpo, su voz y su mente. En este trabajo tienes que tener una mente bien saludable, porque el trabajo requiere que uses tus emociones”, me dice Karen (muy sutilmente) sobre el mismo tema, al mismo tiempo que me explica sobre la fina línea que tiene que evitar cruzar un artista cuando interpreta a un personaje fuerte, y para poder balancear esas emociones, Karen encuentra su receta de equilibrio y estabilidad, en diferentes clases de asesoramiento de artistas, como las que dicta Cindy Tanas o Walter Alza, que le enseñan a escoger y controlar las emociones que requiere para darle vida a un personaje, y evitar al mismo tiempo que el producto de esta ficción termine controlando su vida real, ya que el truco del negocio no es sólo conseguir aplausos o nominaciones, pero si tener la salud y tiempo suficiente, para disfrutarlos y coleccionarlos.

Así como se sufre se goza

Todos sabemos que en la bandeja de la vida, se sirven muchos tragos amargos, y si conseguir aplausos y besos en vez de un bostezo, tiene su arte, quizás la próxima vez que te sientes frente a una pantalla de cine o frente a tu televisor, entiendas un poco mejor el largo sacrificio que le tomó a ese personaje aparecer en pantalla, y así entretener por unos minutos.

Pero si de sufrimiento por entretenimiento se trata, entonces podemos encontrar  inspiración y algunas respuestas en la vieja historia de un tal Romeo y su amiga Julieta, que según nos cuentan, dieron su vida para demostrar a la platea que es mejor morir por un amor, que vivir sin un amor, y gracias al sacrificio de estos influyentes personajes, se nos puede hacer más fácil entender la diferencia entre las personas que deciden guardar sus sueños y pasiones en el cajón del olvido, y los que son más apasionados y se lanzan sin mucho misterio a perseguir un sueño, eso sí, no nos olvidemos que la ventaja de alimentar una pasión con una buena dosis de educación, es que así como se sufre, cuando se goza, se goza bien.

Generación Ñ

Cristian Eyzaguirre

Es una columna virtual donde Cristian Eyzaguirre narra las realidades positivas y negativas, de una generación de canadienses que se identifican con el idioma de la ñ (eñe).

Etiquetado en: cine
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