El Club Uruguay de Forlán

A pesar de no alcanzar el bronce, Uruguay celebra la entrega de sus jugadores y el balón de oro que hoy lleva la camiseta celeste


La primera emoción vino junto con su tiro libre, Uruguay iba cero a cero hasta el momento y el equipo se jugaba todas sus cartas. La emoción brillaba en los ojos de todos los espectadores del Club Uruguay, ubicado en la 101 de Freshway Drive, mientras su oportunidad de llevarse el bronce, se llevaba a cabo en 90 minutos de juego.

El primer trago amargo vino con una pelota que el arquero Muslera no pudo detener, y que acabaría con el remate de Bastian Schweinsteiger quien, con un toque suave, la dejaría entre los tres palos. Si bien un silencio abordó a los espectadores que habían tenido su junta en dicho Club, pronto las palabras de ánimo, así como las jugadas peligrosas, devolverían la emoción a los fanáticos.

El grito del tan esperado Gol uruguayo, retumbaría contra las paredes amenazando con traerlas abajo, luego de que el capitán Diego Pérez robara el balón, se lo diera a Suárez quien a su vez se lo pasó a Cavani, el cual no dudó en arremeter contra la malla dejando así el marcador empatado 1 a 1. La esperanza volvía a los corazones celestes quienes, mientras disfrutaban de un buen pan con chorizo, esperaban llevarse a casa el bronce.

En el descanso todos seguían pegados a sus asientos, mientras conversaban sobre el juego, los vasos llegaban y los chorizos iban desapareciendo cada vez más rápido. Cuando empezó el segundo tiempo, todas las bocas habían terminado de masticar y se encontraban inmóviles, mientras los ojos seguían a un solo balón.

Poco pudo hacer el arquero alemán Manuel Neuer, frente al mejor jugador del mundial, pues cuando Forlán dio la patada, fue con un golpe decidido, un golpe que llevó al esférico a rebotar contra el césped justo antes de esquivar los intentos de Neuer por dejarlo fuera. Diego Forlán, la alegría de Uruguay, le daba las esperanzas de llevarse la medalla a casa, poniendo así el 2-1 frente al equipo alemán a los 51 minutos del partido.

Los cánticos uruguayos eran ensordecedores, las cervezas llegaban y el aire de celebración llenaba el Club Uruguayo, la fiesta se iba inflando; pero no pasó mucho tiempo hasta que los uruguayos vieron su temor más grande, encarnado en un juego aéreo que terminó con un gol de cabeza de Marcell Jansen a los 56 minutos. El silencio reinaba en la sala.

El quinto gol llevaba el uniforme alemán e iba en los chimpunes de Khedira, quien fusiló a los 82 minutos a un ya agotado Muslera. Uruguay estaba expectante, buscaba la esperanza de un gol, buscaba un tiempo extra, buscaba la victoria a toda costa. Diego Forlán realizaba la última jugada de la tarde, iban contando los 93 minutos de juego, cuando su tiro libre le jugó una mala pasada besando el travesaño y eliminando así las esperanzas de un tercer lugar.

Pero si bien Uruguay no ganó el duelo, su selección fue la esperanza de Sudamérica, el ejemplo que llenó de esperanza a miles o millones que, junto a aquellos que se reunieron el sábado en el Club Uruguay, aplaudieron el esfuerzo del equipo celeste. Así como ellos nosotros en TorontoHispano.com, aplaudimos la justa decisión de brindarle el balón de oro a Diego Forlán, coronándolo así como el mejor jugador del mundial. Gracias Forlán, gracias Uruguay. La celeste, hoy tiene aroma de campeón.
Publicado: 12 de Julio, 2010
Reportaje: Diego A. García Soto
Fotos: Jose Armando Villavona
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