No cabe la menor duda que la pasión de Alicia por el ballet la mantiene joven, bella, activa y en constante trajinar.
Alicia Alonso, Prima Ballerina Assoluta, piensa vivir 200
años. Sin lugar a dudas lo logrará. Se lo ha propuesto. Lo ha dicho y
repetido una y otra vez y el tiempo está a su favor. En su condición
de Directora Artística del mundialmente famoso Ballet Nacional de
Cuba, Alicia se ha comprometido a alcanzar la meta de dos siglos de
vida y a superar cada día más los más altos niveles del brillante
elenco. Cuando Alicia se propone algo, su tenacidad impera. Para esta
extraordinaria mujer, que hace 60 años fundó y moldeó el Ballet
Nacional de Cuba hasta transformarlo en una de las compañías de baile
más profesionales y más cotizadas del mundo, nada es imposible.
Contribuye al plan maestro que Alicia vive, ama y respira el aire de
Cuba, la paradisíaca isla donde cientos de sus ciudadanos sobrepasan
tan fácilmente los 100 años de edad que por todas partes se establecen
los Club 120. Es un tributo al joie de vivre cubano y a su magnífico
sistema de salud. Contribuye que Alicia vive el ballet como si su vida
misma dependiese del arte y definitivamente contribuye que cada ballet
dirigido por Alicia es acogido universalmente y triunfa dondequiera
que se presenta.
A medida que Alicia, ahora en sus 88 diciembres, se aproxima a la
mitad de la meta, la diva continúa dándole vuelta al mundo, dirigiendo
al elenco y asegurándose de que generaciones del público que la adora
sea testigo presencial de la efeméride. Solamente en los últimos tres
meses la compañía bajo su dirección ha bailado ante llenos completos y
ha triunfado apoteósicamente en los escenarios de las Pirámides de
Egipto, en España, Cuba, Venezuela y la República Dominicana. La
próxima cita es Hamilton, Ontario.
No cabe la menor duda que la pasión de Alicia por el ballet la
mantiene joven, bella, activa y en constante trajinar. Su amor por el
baile es mágico elixir que le llena teatros y acarrea al público la
elegante y distintiva etiqueta del ballet cubano: gracia exquisita e
intoxicante sensualidad de movimiento. Su maestría en la danza le
merece aplausos, reconocimientos, honores y ovaciones en pie. Se
puede mantener que Alicia Alonso, después de su gran amigo, benefactor
y ex Presidente de Cuba Fidel Castro, es el icono más amado y famoso
de Cuba. Al igual que el líder revolucionario se puede mantener que
Alicia Alonso es incansable perfeccionista. Su fenomenal energía la
mantiene, en la jerga del ballet, en punto. Su genio la anima a
producir, arreglar y dirigir las más bellas e inolvidables obras jamás
puestas en escena en la historia de la danza.
A pesar de haber perdido la vista hace varias décadas, su visión
continúa tan clara como en el primer día que sentó pie en el escenario
y procedió a robarse los corazones de millones. En su mente Alicia es
capaz de ver hasta la eternidad. Ensaya cuidadosa, minuciosamente cada
detalle de la obra. "En mi mente nunca he dejado de bailar. Escucho la
música. Sigo cada paso de los bailarines. Puedo ver cuando las cosas
marchan bien. Puedo ver cuando se cometen errores y los corrijo hasta
perfeccionarlos. El ballet es un arte de perfección y yo soy su
directora perfeccionista. No acepto nada que no sea absolutamente
perfecto."
El 4 y el 5 de octubre Alicia Alonso, Directora Artística y Embajadora
Cultural de la UNESCO, retorna a Hamilton. Será la segunda vez en dos
años que viaja Canadá después de 37 años de ausencia. Esta vez también
Alicia y el Ballet Nacional de Cuba responden a una invitación de
Belma Diamante, Presidenta del Elenco Juvenil de Ballet de Canadá y
amiga personal de la diva, para presentar el ballet Giselle en el
teatro Hamilton Place. De ocurrir lo del año pasado, se agotarán los
boletos (www.cbye) (www.ticketmaster.ca). De repetirse la historia, y
todo señala que así será, el evento culminará en extraordinario,
merecido éxito.
Se anticipa que los amantes del ballet viajarán de todos los puntos
cardinales de Canadá y de los Estados Unidos para presenciar Giselle,
una historia del siglo 18 descrita por los críticos como el ballet más
romántico de todos los tiempos. No defraudará. Alicia estará ahí y
Alicia es dueña de Giselle. En realidad Alicia lo hizo suyo cuando
interpretó por vez primera el papel principal de la obra. Hoy, en el
mundo del ballet, se acepta universalmente que la refinada técnica de
Alicia y su maravillosa aplicación de la apasionada cadencia cubana le
imprimieron tan poderoso sello a Giselle que ninguna otra bailarina se
atreve a alterarlo.
En el teatro Hamilton Place los 66 brillantes bailarines del Ballet
Nacional de Cuba honrarán la visión de Giselle. La diva les observará
de cerca y tal como sucedió en Egipto, España, Venezuela y la
República Dominicana Giselle arrancará de los devotos una incontenible
gama de emociones.
Al caer el telón Alicia saludará al público y aceptará el tradicional
ramillete de flores. Amorosamente la premiarán con una tras otra
ovación en pie. Alicia responderá con su famosa sonrisa de megavatios
y luego de una perfecta, traviesa pirueta abandonará el escenario de
la mano de su esposo Pedro Simón, Director del Museo de la Danza en La
Habana. Momentos después, y a pesar de sentirse como de costumbre
absolutamente agotada por la presentación, Alicia bailará de nuevo en
su mente cada paso de la obra. Lo ha hecho innumerables veces. Lo hizo
originalmente cuando sus médicos de cabecera le ordenaron guardar cama
por un año después de otra infructuosa operación de la vista. Así
aprendió a bailar Giselle. "Bailaba en mi mente. Ciega, sin moverme,
postrada de espaldas, me enseñé a bailar Giselle." Ahora lo bailará
otra vez. En su mente de nuevo. Para vivir gloriosamente otro día más.
Es su inimitable vehículo para transportarse a los 200 años.
Indudablemente Alicia logrará su cometido. Sin embargo para legiones
de bailarines y generaciones de admiradores, nada de ello es
necesario. Por Alicia no pasan los años. Joven y bella como siempre y
eterna como el tiempo, Alicia ya alcanzó la inmortalidad y durante dos
días en Hamilton el público tendrá la oportunidad de acercarse a tan
singular fenómeno. Al bajar por última vez el telón el suave, gentil
calor de Cuba momentáneamente disipará el inminente frío invernal de
Hamilton. Se sentirá uno rejuvenecido. Satisfecho. Optimista. Lo habrá
provocado el elixir de Giselle, la mágica poción de la inmortal Alicia
y la espectacular presentación en escena de sus espléndidos
bailarines.
Para el 12, 13 y 14 de diciembre el Elenco Juvenil de Ballet de Canadá
ha concertado otra cita con Alicia y con el Ballet Nacional de Cuba.
En esa oportunidad la compañía brindará su magistral interpretación
del Cascanueces, el clásico, tradicional ballet de Navidad que
maravilló por igual a niños y adultos en Hamilton el año pasado. Se
repetirá el éxito. El regalo navideño de Alicia y de los artistas
cubanos para deleite de los devotos del arte convertirá a Hamilton una
vez más en la envidia de todo Canadá. Así es la magia de Alicia. Así
de electrizante es el Ballet Nacional de Cuba.