La noche del sábado 6 de marzo de 2010 no se hizo esperar y antes que “Las Brisas” abriese sus puertas, ya el público muy respetuoso observaba su cola en medio de la expectativa.
Con un lleno completo, las nuevas elegantes instalaciones de la discoteca, se destacaron por un excelente servicio, muy buen sonido y una simpática distribución de mesas hasta en la pista de baile. Pese a que muchas personas tuvieron que presenciar el recital de pie, el público gozó escuchando, cantando y disfrutando en el íntimo ambiente que consistió en estar muy de cerca de la estrella de la noche: Piero.
Con ese sólo nombre artístico, Piero De Benedictis apareció por la parte lateral para luego subir al escenario, vestido muy informalmente, con zapatillas tennis blancas, su rostro enmarcado por sus característicos anteojos y su típica cabellera llena de rizos.
A lo largo del concierto, Piero intercaló canciones, anécdotas y hasta diálogos con el público. Comenzó por decir: “Me siento muy contento de volver a Toronto y reencontrarme con un montón de paisanos y amigos.” Inició con “Yo vengo”, siguió con “Aprendí a crecer”, “Soy pan, soy paz, soy más” y al cantar esta última saludó a Mercedes Sosa [donde esté]; seguramente recordando la oportunidad cuando cantó esta canción con la recordada cantante tucumana. Seguidamente, nos presentó una de sus nuevas canciones “Sólo un gorrión” en donde habla con el pequeño pajarito y le dice que quiere hacerse amigo del viento, besar alguna flor y ver los techos pintados de sol. Como secuela de esta canción nos habló de cómo le gusta ver todas las nacionalidades juntas, como en esta noche y preguntó a la audiencia acerca de su procedencia, escuchando a los entusiasmados compatriotas latinoamericanos voceando el nombre de sus países natales. Continuó el concierto con una combinación de sus conocidos temas “Pedro Nadie” y “Juan Boliche”. Al continuar con “Coplas de mi país”, el coro de país, país, país que entonaba el público, como que nos hacía reflexionar en el suelo que tiene nombre, nuestro país; y sólo “hay que saber mirar” para ver lo que allí pasa, en nuestro querido país, país, país. Continuó con “Las cosas que pasan” donde nos recuerda a los carteros en bicicleta, al patrullero de la policía, al lechero, al escribano, al político entre otros personajes y hasta “el verdugo con su picana” quien al tiempo que pasa lo mira con ganas, para esto ya Piero nos había contado de la época de esa canción cuando ya hace más de 35 años prohibían su melodías con sus sutiles mensajes e incluso hasta sus presentaciones. Y mientras continuábamos en la mesas de “Las Brisas” viendo a Buenos Aires o Medellín o Bogotá o Toronto pasar a punta de una orquesta de silbidos provenientes de la audiencia, todos alternamos “Llegando, llegaste” con más silbidos sonoros de esa canción. De allí, Piero nos pidió que retrocediéramos los años que quisiéramos hasta llegar a ser niños para entonar un cántico de tono religioso como es “La Creación” donde con Aleluyas hasta dimos las gracias a Dios por crear la vaca, por consiguiente la leche y hasta el dulce de leche para completar nuestro remontarnos a la niñez con “El trensito del Oeste” para continuar el viaje con “Dos horas de polvo”.
Presentándonos otra canción de las nuevas cantó “Avisos clasificados” con su potente mensaje que pinta la situación moral en la que nos encontramos hoy en día y cómo cambiamos lo de un valor verdadero por lo material para finalmente cuestionar quién nos compra un corazón. Continuó con su canción, casi himno a los padres: “Mi viejo”. Allí nos contó la anécdota cuando por primera vez, hace 40 años atrás, le hizo escuchar a su padre la canción que había compuesto con José Tcherkaski. Al término de la canción, padre e hijo, entre lágrimas, anteojos empañados y un gran abrazo permanecieron en silencio unos minutos hasta que su padre, cariñosamente le contestó: "Ma, quién camina lento… la p--- que te parió".
Luego de despedirse, ser ovacionado y de retomar su guitarra nos entonó “Los americanos” y a pedido del público quien cantó a voz en cuello, cerró su repertorio con “Si vos te vas”.
Piero estuvo acompañado por 2 músicos cordobeses: Pablo en el teclado y percusión y Oscar en la guitarra. Piero agradeció a todos los que habían hecho posible este encuentro y nos dejó el más elaborado de sus mensajes, que al “igual que el sol que ilumina sin pedir explicación, ojalá que nuestras acciones sean de coherencia, que sean una plegaria, que todos tengan un trabajo y libertad, que nos amemos sin prejuicios, que la juventud recobre la esperanza, que no nos dividamos con banderas y menos con fronteras. Ojalá las cosas se puedan ir ordenando a medida que vayan pasando. Que los chilenos se puedan poner de pie y salir de la terrible realidad que les está pasando al igual que Haití” terminando con “¡Viva Latinoamérica unida!”.