Según el diccionario "El Pequeño Larousse Ilustrado" un pituco es un presumido, una persona que se preocupa excesivamente de su aspecto físico. Según esta definición, prácticamente todo títere con cabeza es un pituco ya que ¿quién no se preocupa de su pinta? Especialmente en los últimos diez años en que todo el mundo trata de bajar de peso y de estar "fit", o sea en forma. Liposucciones, levantadas de nalgas, cauterización de las venitas de la nariz, implantes de pelo para los calvitos, depilaciones, alargues de lo que tenemos corto, recortes de lo que nos sobra, estiramientos de lo que se nos arruga, bustos que aparecen repentinamente voluptuosos donde antes había sólo desolación, aparatos para hacer ejercicios que la gente compra creyendo que van a tener abdominales de acero y que terminan convirtiéndose en carísimos colgadores de ropa, fajas de yeso para contornearse la cuadrada cintura, dietas malditas, lentes de contacto para tener ojitos azules, operaciones en los ojos para no tener que usar lentes, en fin, el que tiene una tarjeta de crédito con algún colchón, se avienta por una reencauchada. No me van a decir que no.
Así que no es éste pues el concepto que yo tengo de los pitucos y las pitucas que para mí, son simplemente aquellos individuos e individuas que provienen de una clase social muy alta y con mucho dinero. Se trata de gente que aparece en las columnas de sociales, la élite que, por ejemplo, la revista "Hola" en España se dedica a resaltar y de la que cubre hasta la más millonaria y ridícula de las actividades.
Son pitucos por excelencia aquellos que pertenecen a las monarquías. Acá van algunos comentarios sobre artículos del último ejemplar de "Hola" que he visto en la Internet.
El ebanista almeriense, Antonio Sáez Haro, ha fabricado él mismo, con sus propias manitos, un bargueño, que no es otra cosa que un escritorio que se puso de moda en el siglo XVI, un mueble que le ha tomado cinco meses terminar, y que regalará al príncipe Felipe de España y a su prometida, Letizia Ortiz. Este bargueño es una pieza única que pesa más de 350 kilos y que ahorita está valorizada en cuatro millones de pesetas. Más o menos estamos hablando de unos cuarenta mil dólares canadienses. Un escritorio.
Claro, el señor Sáez no le va a regalar a la parejita real un escritorio de esos que vende Walmart, que son muy prácticos, pero que no pasan de doscientos dólares y que, lo peor de todo, viene en unas veinte partes que le tomarían muchísimas horas de ensamblaje a la pareja real o a sus pajes. Al príncipe, y a su futura consorte, hay que regalarle no un escritorio por ensamblar, sino un bargueño, que ya viene listo y que ha sido fabricado con las propias manos de uno y que tiene que estar valorizado mínimo en unos cuarenta mil dólares. Bueno, éste es un tema de lo más pituco. "Hola" nos cuenta, entre otras cosas, sobre el compromiso matrimonial de los susodichos, Su Alteza Real (así con mayúsculas) el Príncipe de Asturias y Letizia…, uy, perdón…Doña Letizia Ortiz Rocasolano. Cuando la parejita se comprometió en noviembre de 2003, él (Don Felipe) le obsequió a ella (Doña Letizia), un anillo de oro blanco y brillantes. Ella le correspondió con unos gemelos de oro blanco y zafiros y, no se la pierdan, un ejemplar de una edición antigua de la obra de Mariano José de Larra, titulada "El doncel de Don Enrique el Doliente".
Mientras tanto desde Dinamarca nos cuentan que, Mary Donaldson, la australiana futura esposa del príncipe Federico, vestirá el día de su boda un traje de novia de un diseñador italiano o, al menos, confeccionado con seda de Italia. Esto nos tranquiliza ya que la verdad no podíamos dormir bien sin saber de dónde iba a proceder el vestido de novia de Mary. La casa real danesa ha encargado a sus viñedos un pedido de seis mil botellas de vino para el banquete nupcial. O sea que, supongamos que vayan a tener unos mil invitados. ¡El promedio será de seis botellas de vino por persona! ¡Qué borrachos! Y qué despilfarro. El heredero de la Corona danesa no lo dudó ni por un instante; la sortija de pedida de su novia tendrá grandes rubíes rojos -la piedra de la pasión- y también, cómo no, un purísimo diamante valorado en más de doce mil euros, que vienen a ser unos veinte mil dólares canadienses. Ese es el precio del diamante solito, no sabemos cuanto cuesta el anillo completo.
Reyes y reinas, príncipes y princesas, infantes e infantas, condes, duques, condesas y duquesas desfilan por las páginas de la revista en todos sus números, en los que se da cuenta de sus compromisos, comidas, fiestas, juergas, vergeles y, de vez en cuando, contactos con sectores reducidos del populacho.
En ocasión de la misa en Madrid por las víctimas de la reciente masacre de la estación de Atocha donde murieron más de doscientos y quedaron heridos unos miles, nos enteramos con pelos y señales de la participación de la reina Doña Sofía, quien asistió a la misa con un vestido de chaqueta negro y recibiendo pues una calurosa ovación de los asistentes a su paso por el pasillo central hacia al altar y al son del himno nacional. Like…who cares.
Estos son los temas que preocupan e interesan a los pitucos. O a los que pretenden serlo.
Yo creía que acá en Canadá no íbamos a encontrar ninguno, ya que con el huevo de plata que tienen, ¿para qué sufrir viniéndose a vivir en un país tan lejano, tan igualitario, tan sin clases sociales como es Canadá? Ah, pero no es así. Algunos pitucos, con la misma alcurnia que tenían en Latinoamérica, han tenido que venir a vivir a este país por diversos motivos.
Folclóricamente los que eran pitucos allá siguen siéndolo en Canadá y los que soñaban y envidiaban a la pituquería de allá, tratan de vivir una vida sofisticada, "high society type", en el Gran Norte Blanco. No tengo mayor problema con los que nacieron en cuna de oro. No tiene la culpa de tener tanta plata y muchos son muy buena gente. El problema son los otros, esos que quieren parecer de sociedad, de plata, y que ni lo son ni la tienen. Son unos acollarados a los que quiero llamar "pitucos guanabí" (wannabe) o sea seres infelices que hubieran dado un brazo, una pierna -o muerto- por pertenecer a la clase privilegiada y platuda de su país pero que lamentablemente jamás llegarán a formar parte de tan exclusivo grupo. Creen que al haber venido acá, y al haber conocido y quizás frecuentado a los de nacimiento, tienen alguna opción de pertenecer a la misma clase.
Este tema da para rato y no quisiera aburrir más, por ahora, al paciente lector.
Termino pues, con parte de la letra de una milonga que cantaba el gran Alberto Castillo:
"Qué saben los pitucos, lamidos y shushetas
Qué saben lo que es tango, qué saben de compás
Aquí está la elegancia, qué pinta, qué silueta
Qué porte, qué arrogancia, qué clase pa' bailar."
EN MEMORIA DE SOFOCLETO...
Luis Felipe Angell de Lama, Sofocleto falleció el jueves 18 de marzo en Lima, Perú. Uno de los creadores del Humor Literario, uno de los escritores más prolíferos, para el suscrito, el mejor humorista que ha tenido la lengua castellana hasta la fecha.
Por la página web www.sofocleto.com conocemos que Sofocleto tiene en su haber más de 12 mil Sofonetos, 2,538 décimas, 50 mil sinlogismos y actualmente estaba publicando 27 tomos de los 162 volúmenes que comprenden sus Obras Completas, cuyos títulos, entre otros, son los siguientes: Sinlogismos, Décimas, el Manual del Perfecto Deportado, La Tierra Prometida, Hacia una Filosofía Universal del Gato, Diccionario Loco, La Sábana de Arriba, Trilogía Universal del Humor, Sofocleto Dominical etc.
Una pérdida para los miles de admiradores que seguíamos con ansiedad sus escritos, sus ocurrencias geniales.
Nos vemos Don Sofo...
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