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La salsa de la vida
por Guillermo Rose
El segundo gol
Cuento del libro "Una pequeña duda"
Publicado: 15/Mar/2004
Antonio había soñado toda su vida con ser futbolista profesional. Nada raro en un país donde el fútbol es el único deporte popular. A los doce años, lo más cerca que estuvo de sus ídolos fue cuando un día, cerca del Estadio Nacional, vio pasar a escasos metros, el ómnibus de la selección peruana de fútbol. No era un gran jugador en el colegio, pero tampoco era malo. Como buen zurdo, jugaba de puntero izquierdo por el equipo de su clase. Tenía velocidad y su puntería había mejorado bastante, en especial en el último año. Iba todos los sábados temprano a la cancha del colegio. Solito, corría por la punta izquierda y disparaba al arco, semana tras semana, por espacio de casi un año. Ahora podía meter goles desde treinta metros de vez en cuando, cosa imposible unos meses atrás.

Era 1969, Buenos Aires, un día antes del partido para ver quien iba al Mundial de México: Argentina o Perú. Como premio a sus notas, su papá lo ha llevado de Lima a Buenos Aires a ver el partido. Argentina acaba de perder en Lima 1-0, así que basta un empate para que Perú se clasifique.

Casi no duerme esa noche. Ganar o empatar a la Argentina en Buenos Aires, en el estadio de Boca Juniors, la temida Bombonera, es un sueño casi imposible.

Ya es el día del partido y su papá insiste en que almuerce bien, pese a que Antonio ni hambre tiene, pensando y pensando en el partido. Empatar, tenemos que empatar, repite en su cabeza, cuando van camino a la Boca.

Tres y media de la tarde, un 31 de agosto. En la Bombonera de Boca Juniors se enfrentan 22 gladiadores, como en una guerra simbólica. Si Argentina gana irá a buscar la gloria al Campeonato Mundial de Fútbol en México. Si pierde o empata, irá el Perú. No son los jugadores los que se enfrentan, son dos naciones.

Se sientan en buen sitio, entre media cancha y uno de los arcos. Una gritería ensordecedora recibe al equipo argentino. Banderas por todos lados y la masa que salta de pie con sus cánticos de siempre que ahora suenan más estridentes que nunca. El partido se desarrolla sin mayores incidentes. Lo único interesante es que a la Argentina no le está resultando fácil ganarle al Perú. Todo lo contrario. Gol de Perú, y nada menos que del tal "Cachito" Ramírez, en quien nadie creía. En el segundo tiempo las cosas cambian y los argentinos meten el gol del empate. Minuto veinte del segundo tiempo y Perú tiene la oportunidad del segundo gol. Cachito recibe la pelota en medio campo y corre por la izquierda. Antonio y su papá gritan por dentro lo mas fuerte que pueden, animándolo a meter el gol. Cachito corre más que el defensa argentino, lo pasa, escapa en dirección al arco, solo. Está a unos treinta metros del arco, el arquero sale desesperado para cerrarle el ángulo, Cachito apunta lo mejor que puede y tira un pelotazo con todas sus fuerzas. La pelota promete. ¡Cómo reza Antonio! Lamentablemente sale alta. Un minuto después los argentinos meten su segundo gol. El resultado final es 2-1 para Argentina, la Bombonera es una loquería y Antonio llora en silencio.

Esa noche, en el hotel, su papá lo consuela diciéndole que el fútbol no es todo, que todavía tienen un par de días en Buenos Aires, que se van a pasear por Palermo. Incluso, si él quiere, van a ir a caminar por la noche a la calle Florida y, quien sabe, a algún cine de Lavalle. Pero Antonio no quiere nada, no puede quitarse de la cabeza ese minuto veinte del segundo tiempo. Si él hubiera estado en la cancha, él hubiera metido el gol. Él es especialista en tirar desde ahí. Llora de rabia mientras se duerme.

En su sueño se ve en la Bombonera observando el partido, que se desarrolla igual que esa misma tarde, hasta el minuto veinte del segundo tiempo en que siente que se traslada por el aire y que entra al cuerpo de Ramírez. Se mira la ropa y no puede creer tener la camiseta blanca con la franja roja en el pecho. No hay tiempo que perder. Recibe la pelota, corre más que el defensa argentino, lo pasa, se escapa en dirección al arco, solo. Está a treinta metros del arco, el arquero sale desesperado para cerrarle el ángulo. Antonio, en cámara lenta, apunta lo mejor que puede y tira un pelotazo con todas sus fuerzas. La pelota va en dirección al arco, pero parece un poco alta. El público está mudo sin saber si va adentro o afuera. La bola se curva un poco, baja con elegancia y entra al arco lentamente. Es el segundo gol peruano. La Bombonera es un ataúd. Su papá grita tanto que Antonio se despierta. No lo puede creer. No está en su cuarto. Está en pleno estadio de Boca Juniors, y Perú realmente va ganando 2-1.
    - ¡Cómo puedes dormirte! ¡te perdiste el gol! - grita su papá.

Termina el partido empatado 2-2 y Perú irá a México 70. A Cachito se le recordará para siempre como el "Verdugo de la Bombonera".
Al día siguiente en "La Razón" de Buenos Aires, Cachito Ramírez describe en gran detalle cómo metió el primer gol, pero del segundo dice que "Fué como un sueño, estaba tan concentrado que no puedo recordar absolutamente nada". Antonio sonríe mientras lee el periódico en el Aerolíneas Peruanas de regreso a Lima. Su papá le pregunta de qué se ríe y él responde feliz.
    -De nada papá, es que siento como si realmente hubiera sido yo el que clasificó al Perú.
    -Soñar no cuesta nada Toñito- dice el papá, mientras Antonio cierra los ojos con una sonrisa más grande que el estadio de Boca Juniors.


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