No hay duda que los gays y las lesbianas son bien machos. Si no, no se entiende cómo, después de todo lo que los hombres y las mujeres hemos dicho, vilipendiado, llorado y reído, durante siglos sobre esa institución, llamada matrimonio por unos y martirmonio por otros, a los gays y a las lesbianas de este mundo no se les ocurra otra cosa que complicarse la vida de otra manera que haciendo que en Canadá se legalice el matrimonio entre personas del mismo sexo. Resulta pues, sufridos y aguantadores amigos y amigas, lectores y lectoras respectivamente, que la corte de apelaciones de ontario ha regulado que el matrimonio, reconocido bajo la ley como "la unión de un hombre y una mujer" no es consistente con los valores constitucionales modernos de la sociedad canadiense y ofende los derechos de los homosexuales bajo la sección 15 de la constitución. Así. Todo con minúsculas. Y yo les digo: ¡menenecho, jojolete, que se frieguen! Ahora muchas de estas parejitas se van a tener que casar, con las consecuencias que representan el pasar de enamorados a esposos.
La cantidad de diccionarios en el mundo que van a tener que cambiar la definición de la palabra matrimonio es tremenda. Mi diccionario favorito, "El Pequeño Larousse Ilustrado", en su edición 1997, consigna que MATRIMONIO es una institución social...blablablá...consistente en la unión de dos personas de distinto sexo... y más adelante indica que es un sacramento por el cual hombre y mujer se ligan perpetuamente.
Es un desafío también, para los que hacen muñequitos de torta, los que ahora incluirán un par de novios y un par de novias entre los posibles adornos.
No sé si durante las fiestas de matrimonios de parejas del mismo sexo habrán solamente damas de honor para la pareja de mujeres que se case y pajes por doquier si se trata de una pareja de hombres.
Además, esto va a armar un tremendo bolondrón y una confusión mayúscula a todo el mundo.
Antes, sin pensarlo dos veces, los jueces y los curas de toda denominación declaraban "marido y mujer" a las parejas al momento supremo de la consagración del martimonio, si es que éste se realizaba en países de habla hispana y los declaraban "hombre y esposa" (man and wife) si se desarrollaba en países de habla inglesa, como lo es parte de Canadá. Ahora vamos a tener bodas en las que el juez tendrá que mirar muy bien a la parejita y, posiblemente, declararlos con una de estas tres nuevas combinaciones: Marido y hombre, hombre y esposo, esposa y mujer.
- Roberto, ¿aceptas por marido a Pedro para honrarlo hasta que la muerte los separe?
- Sí, su señoría.
- Y tú, Pedro, ¿aceptas por marido a Roberto, hasta que te saquen de este mundo con las patitas por delante?
- Como quiera, su señoría, matatiru tirulá.
- Entonces los declaro marido y hombre. Roberto, puedes besar al novio.
Desaparece pues en Canadá, el matrimonio como medio para la procreación, Es posible que en el futuro alguien diga que la restricción del matrimonio a dos personas solamente no es consistente con los valores constitucionales modernos de la sociedad canadiense, ya que ofende los derechos de los mañosos bajo la sección 15 de la constitución. Así pues el "menage a troi" inventado por los siempre pecaminosos franceses pasará a ser legal.
Encima de todo, esta medida ha de haber causado -como decía el filósofo Tulio Loza- un dolor de cabeza en todo el cuerpo, a los homofóbicos que pululan por estas tierras, especialmente cuando el anuncio vino cerca del "Gay Parade". En lo que a mí respecta, tengo algunos amigos gays que son muy buena gente así que a quién Dios se la dio, San Pedro se la bendiga. ¡Allá ellos que quieren complicarse la vida con el matrimonio!
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