Hace apenas tres semanas me llamó para invitarme a Ondas Hispanas Canal 2 para que habláramos sobre la marcha del concurso de cuentos “Nuestra Palabra”.
- Me gusta mucho lo que haces culturalmente por la comunidad, -me había dicho por teléfono ese viernes, invitándome luego a estar en la radio el lunes 16 de octubre a las 9 de la mañana.
Le agradecí mucho la oportunidad de estar en su programa ya que la iniciativa de difundir así el concurso de cuentos, había partido íntegramente de él y constituía, para mí, una excelente oportunidad para hablar de este certamen literario. Recordé que en 2004 también me había invitado a hablar del concurso, aquella vez, un día de verano muy tempranito, a las seis de la mañana, en 88.9 FM.
Mientras que Carlos Alberto Cuevas era un personaje controversial, poseedor de un estilo muy exuberante, su presencia en escenarios de Toronto por muchísimos años y, sobre todo, su permanencia en programas de radio tanto en 88.9 FM como en el circuito cerrado de Ondas Hispanas Canal 2, marcaron toda una época en nuestro ambiente, que llega abruptamente a su fin con su desaparición.
En lo personal, las pocas oportunidades de dialogar con él estos años, incluyendo esta última de hace pocas semanas, fueron todas situaciones positivas para mí, de apoyo totalmente desinteresado de su parte a diversas actividades de carácter cultural comunitario en las que a veces ando involucrado.
Personaje infaltable como Maestro de Ceremonias en la actuación de muchísimos grandes artistas que se presentaron en nuestra ciudad desde hace muchos años, y su entusiasmo en despertar a todo el Toronto latino en las madrugadas, con música, entrevistas y chismes de la farándula, desde lo que él llamaba “el manicomio mañanero”, su ausencia en el ambiente de habla hispana de nuestra ciudad, ciertamente se hará notar.
Y no sabemos específicamente a quién expresarle una voz de pésame en este instante, así que ésta se dirige en general a todos sus oyentes y a los miles de hispanos que lo conocieron en estos, recientemente celebrados, veinte años de presencia en el ojo de la tormenta de un Toronto cuya radio, irremediablemente, se encuentra hoy de duelo.
