Pareció ser eterno. Como el amor más puro y sincero. Como eternos parecieron ser los sufrimientos de seis años mirando de lejos los títulos, los festejos, los recuerdos humedecidos por la nostalgia. En el centro de la cancha, Torres, Galván, Neyra, Candelo iniciaron una ronda casi infantil.
Para ser completamente feliz, es necesario ser un poco niño otra vez. La "U" es campeón y la vieja leyenda cobró vida otra vez.
Pareció ser eterno el cántico de los graderíos, el estruendo de una muchedumbre que hizo sentir su grito atronador. Eternas parecieron también las sonrisas, los abrazos, los sollozos. No podía ser de otro modo si eterno fue también el tiempo de espera, porque seis años no pasaron volando. Pero larga ha sido la recompensa que bajó del cielo en una noche inolvidable de múltiples reencuentros. Diez puntos de ventaja con un partido menos que el resto, once triunfos de doce posibles en la casa, nueve triunfos consecutivos, como el récord del '72 que también es propio y que podría superarse el domingo si Alianza anda volando bajo. Una campaña casi perfecta para un equipo que dentro de los estándares internacionales no es espectacular, pero que a nivel local fue infinitamente superior al resto. Le ganó casi a todos salvo a San Martín, y con ellos tampoco perdió. Si no fuese por el ingenio de algunos que siempre encontraron en los árbitros un sistemático pretexto para atenuar limitaciones propias, esto sería casi un escándalo de supremacía.
Si eternas fueron las recompensas, igual de enormes fueron las postales vivientes del ayer. Ibáñez, Bernales, el propio Araujo, lograron enfocarse en el espejo retrovisor que pocas veces ofrece con generosidad el tiempo. Para que un campeón termine de encender las pasiones, debe haber siempre un toque de nostalgia.
Y mirando desde lejos, Gareca, el hombre quieto. Campeón por primera vez en su carrera como lo fue Company el '99, Cappa el 2002. Mitad por el peso específico de la camiseta y mitad por su propia convicción. Jugó con tres en el fondo, recuperó para la "vida útil" a Neyra y Gonzales, destapó a Balta, Rabanal y Torres, supo hacer ofensivo a Universitario pese a respaldar a un nueve que no lo era. Lo criticamos muchos y replicó en silencio. Cuando los resultados acompañan, el perfil bajo puede ser casi una virtud.
Con las armas de siempre
El 3-1 ante el Cienciano de Navarro solo fue la excusa para el brindis final. Tenía la "U" cinco "match points" para definir el Apertura a su favor. Y le bastó apenas el primero para resolverlo todo con simpleza ante un rival cansado y envejecido pero con mucho oficio. Con Guizasola agitando el estilete por derecha, como mayor agente ofensivo y un trabajo de ablandamiento de Bazalar y Corcuera en mitad de cancha que bien pudo terminar con una tarjeta roja como freno si el juez Rivera no hubiese sido tan contemplativo con los 22 jugadores. Porque Rainer Torres, también pudo tener ese final en aquella primera etapa.
Sin controlar el partido, la cancha y el balón, Universitario fácilmente controló el marcador con dos demostraciones sólidas de suficiencia y a través de las dos mejores armas merengues a lo largo del Apertura. Primero la velocidad de Hurtado desbordando a su marcador y luego la potencia de Neyra en la pelota parada que generó el rebote conectado por Araujo en el segundo gol. Dos fotografías del momento que tradujeron lo que fue una constante en el Apertura. Por una de esas dos vías, el equipo de Gareca resolvió siempre los partidos y doblegó la insolencia de cualquier rival.
Pero el gol de Vassallo fue el detalle preciso para darle relieve al desenlace. Gareca le dio al partido una lectura diferente a la habitual y al colocar a Candelo en la cancha por primera vez en mucho tiempo junto a Neyra, con los dos volantes de marca ya relevados (Torres y Gonzales) por la pareja de refresco (Cevasco-Tragodara), le dio a la "U" otra vez la dosis de explosión ya extraviada por el cansancio a esa hora del partido. El pase de Candelo a Hurtado en la jugada del penal fue la mejor expresión de un equipo que daba la estocada final a un rival que luego de la ejecución de Candelo arrió las banderas de guerra.
"Este puede ser el comienzo de una historia bárbara", exclamó Gareca mientras 50 mil gargantas se desgarraban en un solo grito. El de "campeones otra vez". Va por quienes sufrieron a Aspauza y González, por los que lloraron los años de sequía, de temporadas insípidas, de aventureros disfrazados de "refuerzos". También por quienes impotentes miraron desde la tribuna cómo saqueaban su club. Todo aquello pareció ser eterno, seis años fueron demasiados, pensarán seguramente. La leyenda resurgió otra vez, con más fuerza si cabe que ayer.
Se forjó en el dolor, y esta clase de amor nunca tiene final. No se deja acabar.
SÍNTESIS:
UNIVERSITARIO (3): Fernández; Araujo, Balta, Galván; R. Torres, Gonzales, Rabanal, M. Torres, Neyra; Jiménez, Hurtado DT: R. Gareca
CAMBIOS: Candelo x Jiménez, Tragodara x Gonzales, Bernales x R. Torres
TA: R. Torres, M. Torres, Hurtado
GOLES: Hurtado 28', Galván 45', Candelo 71'
CIENCIANO (1): Cisneros; Guizasola, Romaña, Marengo, Pelaz; Corcuera, Bazalar, García, Sawa, Chiroque; Vasallo DT: F. Navarro
CAMBIOS: Guevara x Bazalar
GOLES: Vasallo 62'
TA: Pelaez, Bazalar
TR: Solís (estuvo entre los suplentes)
ÁRBITRO: Víctor Rivera
ESCENARIO: Estadio Monumental